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La tercera perspectiva

La tercera perspectiva¿Qué tal una versión humana?
A favor o en contra. Vacunados o no vacunados. Solidario o insolidario. Corrupto o fiable. Pensador contra corriente (negacionista) o pensador convencional. Ricos o pobres. La élite o el pueblo. Por el momento, parece que solo hay dos opiniones, o incluso dos bandos: el de los buenos (nosotros, por supuesto) y el de los malos (ellos, por supuesto). Por "El Señor de los Anillos", sabemos que los buenos son los buenos y los malos son los malos, no hay nada en medio. También en los cuentos de hadas para adultos, todo es maravillosamente sencillo. Pero no vivimos en el mundo de los cuentos de hadas, sino en el aquí y ahora, en una sociedad en la que entretanto se ha desarrollado un clima malsano, en el que dominan la distancia, y la No-escucha. Si uno piensa en esto por un momento, surgen preguntas: ¿Dónde están las personas que defienden el diálogo? ¿Cuántas veces hemos escuchado últimamente la palabra "compasión"? ¿Recordamos que los disidentes tienen derecho a pensar de forma diferente? ¿Dónde está lo que nos hace humanos, dónde está lo que entendíamos por "humanidad"? Ha desaparecido o simplemente se ha vuelto invisible?

Primero el ser humano, luego su opinión.
Intentemos por una vez alejarnos de la habitual cacicada, la exageración o la subestimación, de la culpabilización, de las teorías conspirativas, de las acusaciones, de los certificados de incompetencia, etc..., así como de las visiones del fin de los tiempos o de la simple propagación del pánico. Intentemos imaginar una visión basada en la humanidad, la comprensión, la sabiduría y la compasión. ¿Es difícil? Después de todo, son precisamente estas cualidades las que nos hacen humanos en primer lugar. Se trata de dar un paso atrás. No importa cuál sea la opinión de alguien, simplemente hay que tomar un poco de distancia de la propia posición y ver en la otra persona en primero lugar al ser humano y no lo que representa o defiende. Los "otros" son madres, padres, hijos, hermanos, camioneros, enfermeras, vendedores de pan, informáticos, artistas... Y todos son como tú. 
Todos somos seres humanos con dones y defectos, formamos parte de una familia humana global. Somos iguales y a la vez diferentes. Somos iguales y a la vez diferentes. Todos queremos lo mejor para nuestros hijos. Tenemos el mismo objetivo: vivir felices, sanos y en paz. Todos estamos en el mismo barco, nos guste o no, y si se hunde, nos hundimos todos. Si te das cuenta de ello por una vez, no debería resultarte difícil no pensar ni por un momento que tu propia opinión es la única correcta. 
Por favor, comprende que no encontraremos una solución mientras estemos unos contra otros, solo la encontraremos si hablamos entre nosotros y creamos juntos un espacio en el que desarrollar soluciones y alternativas. Aunque las palabras "sin alternativas" gozan de gran popularidad en ciertos círculos, sabemos una cosa con certeza: siempre hay alternativas. Quien lo niegue, probablemente nunca ha abierto un libro de historia o ha pasado las clases de historia en ausencia mental. La propia democracia surgió del feudalismo "sin alternativa". Para los estándares de la época, el feudalismo no tenía alternativa. Al igual que cualquier sistema que tiene el poder y se acerca a su fin siempre se presenta como si no tuviera alternativas. Después de eso, es solo un pequeño paso el que nos lleva a medidas drásticas como la expulsión o el encarcelamiento de una parte - bastante grande - de la población por comportarse de forma diferente, pensar de forma diferente y vivir de forma diferente. Hay muchos indicios de ello en el discurso actual, tanto en el discurso social "oficial" como en el llamado "alternativo".Ya sea que, en el tema "Corona", usted sea de los que piensan que es la peor crisis sanitaria desde la peste, o de los que ven aquí solo una gripe con una buena campaña publicitaria, por favor trate de reconocer primero al ser humano en esta contraparte de pensamiento diferente. Un poco de duda sobre la propia opinión tampoco nos hará daño, porque es posible que no sea cien por cien correcta. Hay que recordar que la ciencia sería impensable sin la duda, más aún, nuestro progreso no se habría producido sin la duda. Las revoluciones americana y francesa no habrían cambiado la historia, si no se hubiera dudado del estatus quo, las mujeres seguirían siendo hoy en día "propiedad" de los hombres si no hubiera sido por esas mujeres extraordinarias que dudaron de la realidad (palabra clave "sin alternativa"), y que esas mujeres también estaban aquejadas de dudas sobre sí mismas es evidente. Para decirlo más claramente, no cuestionarnos, prohibimos a los demás que opinen y "deshumanizamos" a nuestros semejantes reduciéndolos a conceptos abstractos (élites, negacionistas, fanáticos de la vacunación, etc...) y todo esto tiene un nombre: fundamentalismo, fanatismo, talibanismo, fascismo... En estos sistemas no hay lugar para la humanidad y solo hay una opinión, la del más fuerte. ¿Realmente queremos ser así? 
¿Por qué este ruido? ¿Por qué nos comportamos como niños pequeños en lugar de asumir responsabilidades? Para ello, debemos hacernos una pregunta fundamental. ¿Qué nos hace humanos en primer lugar? ¿Es la bondad, la dignidad, la compasión, o el odio, la envidia, la codicia? ¿Queremos seguir insistiendo en tener la razón, en culpar a los demás de lo que hacen mal, o queremos por fin empezar a encontrar soluciones juntos?
El mundo que creamos y dejamos a nuestros hijos está en nuestras manos. Puede ser un mundo en el que hablemos entre nosotros y resolvamos los problemas juntos. También puede ser uno en el que nos peleemos entre nosotros e impongamos por la fuerza nuestras opiniones bajo el disfraz de la salud, la libertad u otros ideales. La primera opción solo funciona si practicamos la apertura hacia los demás y la transmitimos a nuestros hijos.
La historia nos enseña una importante lección, a saber, que las crisis son oportunidades. Gracias a las crisis, nos hemos convertido en lo que somos hoy. Así que también podríamos aprovechar esta crisis. En este contexto, echemos un vistazo a la vieja "normalidad" a la que queremos volver cuanto antes. Cada día mueren de hambre 35.000 personas, mientras que con los alimentos se especula en la bolsa y tiramos a la basura cerca de 1/3 de nuestra comida. Nuestro progreso se basa en la destrucción del planeta. Nos negamos con vehemencia a reconocer el hecho históricamente probado de que el poder corrompe, y que los poderosos crean una clase para sí mismos que persigue sus propios intereses, y no los del pueblo. Llamar a alguien teórico de la conspiración por señalar las conexiones entre la política y el capital es completamente absurdo, porque la política siempre va de la mano del gran dinero. Es igualmente absurdo presentar la democracia occidental como un monopolio en el que unas eminencias grises lo planifican todo.
Así que dejemos el ruido cotidiano en un segundo plano por un momento y pensemos en por qué nos comportamos como niños que se pelean. ¿Qué hay detrás? ¿Qué nos lleva a dejar de hablarnos?

Es el miedo.El miedo explica perfectamente nuestro comportamiento en tiempos del Corona. El miedo es el verdadero virus.
El miedo parece estar en todas partes en este momento. Algunos tienen miedo del virus. Esto es sin duda comprensible, porque el Covid-19 es un virus mortal, y debemos ofrecer nuestra más profunda empatía a las personas que han enfermado por él, como lo hacemos con todo ser humano que sufre. Los demás temen un estado de vigilancia digital. Esto también está justificado, porque ya es una realidad en China y, al fin y al cabo, China ha establecido las normas para el control de la pandemia. Y por último, los que tienen miedo a la pobreza. Este temor también es comprensible, porque las medidas han tenido efectos económicos devastadores y han llevado a millones de personas a la pobreza extrema, mientras unos pocos obtienen beneficios como nunca antes. Pero ese es un tema diferente.
El problema del miedo es que paraliza e impide pensar con claridad y las decisiones se toman vía la emoción, y esta no es la base de una política sensata. Sin embargo, lo que es especialmente malo es que el miedo nos hace hacer cosas que nunca haríamos en circunstancias normales, cosas que incluso despreciamos profundamente. "El miedo se come el alma", el título de esta película de Fassbinder encaja aquí perfectamente. ¿No hemos visto ya suficiente miseria? ¿Necesitamos crear aún más miseria negándonos simplemente a escuchar a los demás?Cada miedo tiene sus razones y por tanto, todos tienen también parte de razón. Esta debería ser nuestra posición de partida para encontrar soluciones. Cuando afirmamos al otro como ser humano como base fundamental de la comunicación, abrimos un amplio espacio. Todo ser humano tiene derecho a serlo tal como es, es su derecho de nacimiento y su privilegio. Es su responsabilidad crear humanidad siempre que sea posible. 
La compasión es una opción real
El autor quiere invitarte a hacer un pequeño ejercicio. Imagina a una persona que es exactamente lo contrario de lo que crees que es correcto y bueno, puedes condenarlo, demonizarlo, incluso odiarlo, no importa en absoluto para el ejercicio.Muy bien, ahora imagina que tú fueras esa otra persona, que hubieras vivido su vida, que tuvieras su genética, que hubieras tenido a sus padres, el entorno en el que creció, las alegrías y las penas, las pérdidas y las ganancias, simplemente todo lo que compone a esa persona. Entonces, lógicamente, serías como él o ella, simplemente un ser humano, un hijo de sus circunstancias, tal y como eres ahora en tu vida. Eso es compasión. Significa comprender a la otra persona. No se trata de justificar, sino de entender que todos somos humanos, y que básicamente queremos lo mismo. No hace falta que renuncies a tu opinión ni que te conviertas en una persona extremamente comprensiva, es solo para crear una base sana para hablar entre nosotros, de ser humano a ser humano, y no de partidario de la vacuna a oponente de la vacuna, de negacionista a pensador convencional, de capitalista a socialista, de teórico de la conspiración a creyente de la visión oficial. Es sumamente importante que volvamos a hablar entre nosotros, porque solo así conseguiremos salir de esta crisis más fuertes y con más humanidad.  ¿Y si no lo hacemos? La tendencia es seguir copiando a China y lo que esto significa para el futuro, ya podemos imaginarlo en los colores más oscuros. La probabilidad de que entonces tengamos un sistema de crédito social como el de China es alta.No podemos dejar las urgentes decisiones importantes en manos de los políticos o de los medios de comunicación como la televisión, Facebook, Youtube y compañía, aparte de que están desbordados por la situación. Es hora de que nosotros, como pueblo, como sociedad, demos un paso al frente y hablemos. Tenemos el derecho, la obligación y la responsabilidad de dar ese paso hacia una sociedad más humana. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo hará? Me gustaría concluir con una frase de John F. Kennedy que personifica el hecho de dejar de lado nuestras rencillas personales para defender el bien de todos y no solo el de nuestros compañeros de armas: "No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país".

foto: v2osk

"Todos somos diferentes. No juzgues, mejor comprender el otro".

Roy T. Bennett